La evidencia también señala al consumo de alcohol como un factor de riesgo para
el incremento de actos violentos, y manifiesta la diferencia señalando que la persona
que es violenta, lo va a ser con consumo de alcohol o sin ingesta del mismo, caso
contrario a las personas que únicamente infieren en conductas violentas cuando
consumen bebidas alcohólicas, así, Mejía, Ochoa, Ríos, Yaulema y Veloz (2019) un
estudio sobre los Factores de riesgo e indicadores de violencia de género en mujeres
socias de bancos comunitarios en Chimborazo; concluye que un factor de riesgo
individual que desencadena violencia es la presencia de consumo de alcohol, y que
entre el 20% -21% de mujeres ha sido víctima de violencia psicológica y sexual por
parte de su pareja (p. 7).
Consumo del alcohol y violencia contra la mujer en la emergencia sanitaria de
la COVID-19
Durante la emergencia sanitaria en torno a la COVID-19 la población a nivel mundial
fue confinada a sus hogares, a esta medida de prevención se suman otros factores
que se van presentando paralelamente al tiempo de encierro, entre ellos temor al
contagio, miedo a la muerte, noticias alarmantes, medidas gubernamentales que
buscan sobrellevar la crisis afectando a la población, en este sentido se evidencia que
el consumo de alcohol aumentó en pandemia; en Argentina, el periódico Infobae
(2020) publica: “Según una encuesta realizada por el Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), el 45% de las personas bebió más
alcohol durante este tiempo que antes del aislamiento”. (párr.4). Al analizar los
resultados se verifica que el consumo responde a la existencia de mayor tiempo libre,
desorganización en la planificación de actividades, factores emocionales y
aburrimiento que afecta a la población, situaciones que no se manifestaban con
agudeza antes del confinamiento debido a que la mayoría de la población contaba
con recursos sociales (trabajo, estudios, etc); donde se sobrelleva lo antes
mencionado.
Durante la pandemia Estados Unidos aplicó una encuesta a 1000 adultos, con el
interés de investigar si la población durante la COVID-19 aumentó el consumo de
sustancias, los resultados exponen que el 88% de la población consumió alcohol, el
resto otras sustancias; entre las causas del consumo la población justifica la ingesta
de sustancias por estrés, aburrimiento, ansiedad y depresión. (Marrero, 2020). De
esta manera se confirma que el consumo de alcohol aumentó durante la pandemia
en respuesta a factores estresantes como la pérdida de empleos, cierre de negocios,
deudas, entre otros; que a su vez afectó de manera observable el cambio en la salud
mental, síntomas ansiosos y depresivos que ocultaron las estrategias de
afrontamiento y con ello el consumo de bebidas alcohólicas.
Ahora bien si la cuarentena fue estresante para la población general, más para
las personas que son consumidores abusivos y dependientes, Ponciano (2020),
afirma que: la cuarentena es estresante para todos, pero para las personas que
consumen cualquier sustancia psicotrópica la forma de enfrentar el estrés es el
consumo (p.6), sin embargo, el confinamiento trajo consigo la prohibición de ventas
de bebidas alcohólicas, el cierre inmediato de bares, discotecas, cantinas, así como
también suspensión de reuniones sociales; no obstante aumentó el consumo, esto
quiere decir que la población buscó la forma de socializar, o liberar factores
estresantes¸ quizá con su familia, amigos, vecinos, o simplemente consumió en
soledad, visto de esta manera, el alcohol fue utilizado como fuente de alivio
sintomático en respuesta a factores estresantes.