Julio diciembre, 2021
Vol. 5, No. 11
e-ISSN: 2602-8247
https://doi.org/10.53877/rc.5.11.20210701.03
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mcrevistas@gmail.com
CONSUMO DE ALCOHOL Y VIOLENCIA EN CONTRA DE
LA MUJER EN LA EMERGENCIA SANITARIA DE LA
COVID-19
ALCOHOL CONSUMPTION AND VIOLENCE AGAINST
WOMEN DURING THE COVID-19 HEALTH EMERGENCY
Victoria Elizabeth Bueno Ayala
1
Recibido: 2021-02-26 / Revisado: 2021-04-24 / Aceptado: 2021-05-10 / Publicado: 2021-07-01
RESUMEN
El estudio del consumo de alcohol y la violencia contra la mujer en la emergencia
sanitaria de la COVID - 19 puso en evidencia la violación de los derechos de la mujer,
aún más, dentro del contexto de pandemia. El alcohol es considerado como una
bebida social y es una droga aceptada como legal, es más, no es reconocida por el
común de la población como droga, por lo que, se ha normalizado su consumo. Sin
embargo, estudios realizados a nivel mundial han demostrado un alto índice de
mortalidad y de conductas violentas asociadas a la ingesta de la sustancia, los
resultados evidenciaron mayor frecuencia de agresión de hombres hacia mujeres.
Países a nivel mundial fueron afectados por el virus COVID- 19, con la finalidad de
preservar la seguridad de los habitantes, los gobernantes decidieron el confinamiento
obligatorio para la población, el permanecer en el hogar incrementó los factores de
riesgo en los cuales la seguridad de la mujer se vio afectada; ante esta realidad,
instituciones gubernamentales ofrecieron diferentes alternativas de protección, a
pesar de eso la cantidad feminicidios aumentaron.
Palabras clave: alcohol, mortalidad, violencia, feminicidios.
ABSTRACT
The study of alcohol consumption and violence against women in the health
emergency of COVID 19 revealed a violation of women's rights, even more so, within
the context of a pandemic. Alcohol is considered as a social substance and it is a drug
accepted as legal, furthermore, it is not recognized by the average person as a drug,
1
Psicóloga Clínica. Estudiante de la Maestría en Intervención Psicológica en Adicciones de la Facultad de Ciencias
Psicológicas de la Universidad Central del Ecuador Ecuador. Ecuaor. Psicóloga Clínica Ministerio de Salud
Publica. Ecuador. Email: vebueno@uce.edu.ec / ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4907-4866
Forma sugerida de citar: Bueno-Ayala, V. E. (2021). Consumo de alcohol y violencia en contra de la mujer en la
emergencia sanitaria de la COVID-19. Retos de la Ciencia. 5(11), pp. 25-35.
https://doi.org/10.53877/rc.5.11.20210701.03
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Revista Científica Retos de la Ciencia. 5(11), pp. 25-35.
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therefore, its consumption has been accepted as a normal behavior. However, studies
carried out worldwide have shown a high rate of mortality and violent behaviors
associated with the intake of the substance, the results showed a higher frequency of
aggression by men towards women. Countries worldwide were affected by the COVID-
19 virus, in order to preserve the safety of the inhabitants, public elected officials
decided the mandatory confinement of the population, staying at home increased the
risk factors in which the safety of woman was affected. Faced with this reality,
government institutions offered different safety alternatives, despite of the increased
number of femicides.
Keywords: alcohol, mortality, violence, femicide.
INTRODUCCIÓN
Actualmente el mundo vive una nueva realidad, generada por la situación
epidemiológica, a causa de la COVID-19, cuyas siglas hacen referencia a la
enfermedad del Coronavirus que se desata en diciembre del 2019 como epidemia y
hasta marzo del 2020 con carácter de pandemia, esto movilizó la decisión de los
gobernantes a decretar confinamiento para proteger la salud de sus habitantes. Sin
embargo, este encierro obligado, visibiliza con fuerza la violencia ejercida contra la
mujer presentando datos importantes a nivel mundial y regional; al respecto del
confinamiento Lorente (2019), afirma que el encierro crea el ambiente necesario para
que se desarrolle cualquier tipo de violencia ya que al estar la victima aislada de su
círculo social (familia, amigos, vecinos), el agresor utilizará su poder.
La pandemia ha agudizado los problemas asociados a factores políticos,
económicos, laborales y sociales, alterando en mayor proporción el bienestar
emocional de la población, y como consecuencia el incremento del consumo de
bebidas alcohólicas, lo que puede desatar más actos violentos, ante esto la
Organización Panamericana de la Salud OPS (2020), afirma que “el riesgo de la
violencia sube cuando los hombres beben copiosamente” (párr. 6).
El presente trabajo, tiene como propósito informar a la población lectora sobre la
realidad del consumo de alcohol y la violencia contra la mujer, que ha incrementado
durante la pandemia. La interrogante que se plantea es ¿Cuáles son los problemas
específicos encontrados en el consumo de alcohol y la violencia contra la mujer
durante la emergencia sanitaria de la COVID-19?, el objetivo general es analizar
investigaciones llevadas a cabo sobre el consumo de alcohol y la violencia contra la
mujer durante la emergencia sanitaria COVID-19; esto debido a la importancia que
tiene en la salud y en la seguridad integral de la población.
El presente trabajo es una revisión bibliográfica, que tiene coherencia con la
investigación cualitativa, como señala Castillo-Bustos (2021), Teniendo en cuenta
que la investigación cualitativa se desarrolla a partir de la observación directa a las
situaciones o fenómenos de estudio o desde la experiencia vivida del investigador en
el lugar de los hechos (p. 54). Para tal efecto, se han utilizado como referencia
estudios anteriores a la pandemia respecto al consumo de alcohol y violencia contra
la mujer, este estudio previo sirve de precedente para abordar la realidad del consumo
y la violencia contra la mujer durante la COVID-19. La información recopilada esta
argumentada en la búsqueda de artículos publicados en revistas, artículos científicos,
publicaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización
Panamericana de Salud (OPS), así como experiencias personales profesionales; al
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Consumo de alcohol y violencia en contra de la mujer en la emergencia sanitaria
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ser un tema actual, existe poca bibliografía, de tal manera que para poder presentar
información sobre Ecuador se acudió a la fuente El comercio.
DESARROLLO
Consumo de alcohol
El consumo de alcohol es la ingesta de la sustancia que causa cambios en el
organismo a nivel biológico, psicológico, social, y puede poner en peligro la vida del
individuo como de terceras personas, sin distinción de la cantidad ingerida, La
clasificación estadística internacional de enfermedades y problemas relacionados con
la salud CIE10 (1990) define al uso nocivo de alcohol, como un patrón de consumo
de la sustancia que causa daño a nivel físico y mental (p.305). Comúnmente se
observa a personas con problemas conductuales, alteración en los estados
emocionales, cambios en las funciones cognitivas superiores como la atención,
concentración, memoria, juicio, añadido a esto problemas en la coordinación y el
habla, de esta manera existen consecuencias perjudiciales para el bebedor y su
entorno, al respecto OMS (2018) refiere: “En el 2016, el consumo nocivo de alcohol
causó unos 3 millones de muertes (5,3% de todas las muertes) en el mundo” (p.8).
El alcohol es la droga más utilizada, su consumo es considerado un problema
de Salud Pública y responde a factores multicausales, comúnmente denominados
factores de riesgo, entre ellos factores biológicos, psicológicos y sociales; por una
parte los factores biológicos están relacionados con la predisposición genética, es
decir, si los padres son bebedores es muy probable que el hijo lo sea , estos factores
están asociados a los problemas de salud que el consumidor puede desarrollar a corto
plazo por otro lado, los factores psicológicos son elementos individuales, ligados a
cogniciones y emociones y los factores sociales tienen que ver con la influencia que
ha recibido el individuo del contexto, si la persona vive en un ambiente de riesgo
aumenta la probabilidad del consumo. El consumo de alcohol es perjudicial para la
salud, los factores de riesgo se encuentran presentes desde la primera ingesta y las
consecuencias no discriminan el uso que se le dé, el riesgo de muerte por la ingesta
dependiente es elevado, así como la afección a su entorno social. La OMS (2018)
informa que:
“De todas las muertes atribuibles al alcohol, el 28% se debieron a lesiones, como
las causadas por accidentes de tránsito, autolesiones y violencia interpersonal; el 21%
a trastornos digestivos; el 19% a enfermedades cardiovasculares, y el resto a
enfermedades infecciosas, nceres, trastornos mentales y otras afecciones” (párr.
4).
Las bebidas alcohólicas son de venta libre, con diferentes costos y por ende de
fácil acceso. El consumo inicia en la adolescencia, el interés por socializar, pertenecer
a un grupo y ser aceptados en su medio son factores que inciden en esta
problemática. Según estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud, el
género masculino es la población que más consume:
OMS (2018):
La prevalencia de los episodios de consumo excesivo de alcohol es
particularmente elevada en los hombres. En todas las regiones de la OMS, hay menos
mujeres que sean consumidoras actuales que hombres; y cuando lo son, beben
menos que los hombres (p.12).
A nivel mundial se ha trabajado en la prevención del consumo, sin resultados
positivos; algunas de las estrategias para reducir el consumo y la edad de inicio al
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consumo ha sido la prohibición de la venta a menores de edad, infracciones
monetarias al conducir en estado etílico, la disminución en el tiempo de apertura de
lugares de diversión como bares y discotecas, medidas que no se acatan, el colectivo
ha implantado la idea de que no se puede divertir sin consumo de alcohol, mientras
tanto grandes empresas siguen auspiciando a deportistas y eso es observado a través
de los medios de comunicación a la población general, la OMS realiza una proyección
de consumo de alcohol por habitante en el mundo para el año 2025 en las regiones
de América, Asia, Sudoriental y del Pacífico Occidental. OMS (2018); “El consumo
total de alcohol por habitante en el mundo puede ascender a 6,6 litros en los 2020 y
7,0 litros en el 2025” (p.7). Como se puede observar, se estima que el porcentaje
aumente, por lo tanto, las consecuencias perjudiciales para el entorno.
La violencia contra la mujer
Históricamente la mujer ha sido subordinada, tal es así que la mujer antiguamente era
educada específicamente para la atención del esposo y su familia; al hombre por otro
lado se le ha atribuido el poder, la fuerza, el concepto de superioridad, se ha
reconocido su nivel intelectual, por lo tanto, tuvo acceso a la educación, para
responder a las necesidades culturales y económicas en su rol social y familiar. A
pesar de que el tiempo ha transcurrido y la mujer ya es reconocida en su rol activo
dentro de la sociedad, aún el porcentaje de violencia de la que es víctima es elevado;
al respecto la ONU (2012) afirma que: “La violencia contra mujeres y niñas es una de
las violaciones de los derechos humanos s generalizadas. En algunos países,
hasta 7 de cada 10 mujeres sufrirán golpes, violaciones, abusos o mutilaciones a lo
largo de sus vidas” (párr.1), miles de mujeres son discriminadas, humilladas,
ultrajadas y violentadas. La Organización de las Naciones Unidas ONU, define la
violencia contra la mujer como:
Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o
pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la
mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de
la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada (ONU,
1993, párr. 14).
La violencia sexual es todo acto que vulnera la sexualidad y que se realiza sin
el consentimiento de la persona, con utilización de la fuerza física y amenazas,
incluido en esto el estado civil de la mujer, en la mayoría de casos el desconocimiento
ha hecho que mujeres sean violentadas sexualmente por sus esposos, novios, o
acompañantes de una unión libre, ahí se pone en evidencia la manipulación del
hombre tras el autoritarismo y el machismo envueltos en situaciones de celos que
hacen comúnmente que las mujeres acepten este tipo de violencia como normal y no
sea denunciada.
La violencia psicológica según lo definen Bonifaz y Spanó (2014): “Toda acción
u omisión que causa daño a la autoestima, a la identidad o al desenvolvimiento de la
persona(...) llegando a considerarse culpable de las acusaciones y responsable por
la violencia sufrida” (p.436). Esto explica que muchas veces las mujeres violentadas
acepten como verdad información que disminuye su autoestima tales como
juzgamiento a su cuerpo y manera de pensar, entender que nadie más las va a amar,
que son poco inteligentes, que no podrán salir adelante solas con sus hijos, que si
denuncian o abandonan el hogar sus hijos serán retirados de su cuidado, entre otras
cuestiones que hacen que no se denuncie por miedo a que se cumpla con toda la
información que entrega su pareja.
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Consumo de alcohol y violencia en contra de la mujer en la emergencia sanitaria
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La Violencia física es todo acto intencional sea con la utilización de la fuerza
corporal o cualquier objeto que causa lesiones; mujeres que son violentadas
físicamente ya han pasado seguramente por periodos de violencia psicológica y ya
han aprendido un discurso adecuado para justificar los golpes visibles en su cuerpo,
ante esto el femicidio puede ser considerado como el acto de mayor violencia en
contra de la mujer realizada por el hombre, según el Comercio (2019), en el ecuador
se registraron s de 60 femicidios de los cuales el 62% de los casos fueron
ocasionados por las parejas de las victimas (párr. 6), los celos, el sentido de poder,
pertenencia, falta de control de impulsos, consumo de sustancias estupefacientes,
son algunos de los motivos relacionados al femicidio.
La naturalización de la violencia se origina en el contexto, es decir, existe una
gran probabilidad de que los hombres que han vivido en ambientes violentos cometan
en un futuro actos violentos, de la misma forma, mujeres que hayan vivido situaciones
de violencia en su hogar pueden aceptar formas de violencia en la edad adulta.
Consumo de alcohol y Violencia contra la mujer
Las situaciones de ingesta de la sustancia causan daño a nivel personal, familiar y
social, uno de los factores más observables se da en familias donde la pobreza y la
falta de educación van de la mano, históricamente el consumo de bebidas alcohólicas
ha sido vinculado a comportamientos violentos que ponen en riesgo la salud física y
mental de las personas y en mayor medida el de las mujeres, esto debido a que la
mayoría de los agresores conviven en un mismo lugar con las víctimas. En este
sentido: Smarandache y Leiva (2019) afirman:
La violencia y el maltrato familiar se han reconocido como un problema
socialmente vinculado al consumo de alcohol (…) Específicamente sobre la violencia
contra la mujer los datos mundiales, revelan que ocurre en todos los países; esta es
aplicada en granparte de la población femenina, tanto adulta como infantil (pp.45 y
46).
Un análisis más actual sobre esta problemática la realizo La Organización
Panamericana de la salud (OPS) quien apoyó al Proyecto Genasis (Género, Alcohol
y Cultura) para determinar la relación del consumo de alcohol y la violencia a la mujer,
participaron en el estudio Argentina, Canadá, Costa Rica, Estados Unidos, México y
Uruguay, Belice, Nicaragua, Perú y Brasil para medir la relación entre el consumo de
alcohol y la agresión a la pareja de los resultados se concluye OPS y Proyecto
Genasis (2010):
En cuanto a la relación entre el patrón de consumo de alcohol y la agresión en la
pareja, los resultados mostraron que los bebedores tenían mayores probabilidades
que los abstemios de notificar agresión en la pareja (como víctimas y como agresores)
y que quienes bebían más por ocasión tenían mayores probabilidades de verse
envueltos en agresión que quienes bebían menos (p. 52).
La violencia que genera el hombre hacia la mujer añadido al consumo de alcohol
es por ahora considerado un problema de Salud Pública debido a que pone en
evidencia el sufrimiento a la persona, la familia y la comunidad, por cuanto es
importante su estudio, para generar mayores estrategias de intervención, con esto
evitar más muertes y la reincidencia de los actos violentos. Villanueva (2013) afirma
que principalmente la persona más afectada por la conducta violenta de los
consumidores de alcohol ocasionales y habituales es la conviviente, (p. 47) por tanto
mientras no exista rehabilitación para el agresor y la víctima, el circulo de la violencia
continua.
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La evidencia también señala al consumo de alcohol como un factor de riesgo para
el incremento de actos violentos, y manifiesta la diferencia señalando que la persona
que es violenta, lo va a ser con consumo de alcohol o sin ingesta del mismo, caso
contrario a las personas que únicamente infieren en conductas violentas cuando
consumen bebidas alcohólicas, así, Mejía, Ochoa, Ríos, Yaulema y Veloz (2019) un
estudio sobre los Factores de riesgo e indicadores de violencia de género en mujeres
socias de bancos comunitarios en Chimborazo; concluye que un factor de riesgo
individual que desencadena violencia es la presencia de consumo de alcohol, y que
entre el 20% -21% de mujeres ha sido víctima de violencia psicológica y sexual por
parte de su pareja (p. 7).
Consumo del alcohol y violencia contra la mujer en la emergencia sanitaria de
la COVID-19
Durante la emergencia sanitaria en torno a la COVID-19 la población a nivel mundial
fue confinada a sus hogares, a esta medida de prevención se suman otros factores
que se van presentando paralelamente al tiempo de encierro, entre ellos temor al
contagio, miedo a la muerte, noticias alarmantes, medidas gubernamentales que
buscan sobrellevar la crisis afectando a la población, en este sentido se evidencia que
el consumo de alcohol aumentó en pandemia; en Argentina, el periódico Infobae
(2020) publica: “Según una encuesta realizada por el Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), el 45% de las personas bebió más
alcohol durante este tiempo que antes del aislamiento”. (párr.4). Al analizar los
resultados se verifica que el consumo responde a la existencia de mayor tiempo libre,
desorganización en la planificación de actividades, factores emocionales y
aburrimiento que afecta a la población, situaciones que no se manifestaban con
agudeza antes del confinamiento debido a que la mayoría de la población contaba
con recursos sociales (trabajo, estudios, etc); donde se sobrelleva lo antes
mencionado.
Durante la pandemia Estados Unidos aplicó una encuesta a 1000 adultos, con el
interés de investigar si la población durante la COVID-19 aumentó el consumo de
sustancias, los resultados exponen que el 88% de la población consumió alcohol, el
resto otras sustancias; entre las causas del consumo la población justifica la ingesta
de sustancias por estrés, aburrimiento, ansiedad y depresión. (Marrero, 2020). De
esta manera se confirma que el consumo de alcohol aumentó durante la pandemia
en respuesta a factores estresantes como la pérdida de empleos, cierre de negocios,
deudas, entre otros; que a su vez afectó de manera observable el cambio en la salud
mental, síntomas ansiosos y depresivos que ocultaron las estrategias de
afrontamiento y con ello el consumo de bebidas alcohólicas.
Ahora bien si la cuarentena fue estresante para la población general, s para
las personas que son consumidores abusivos y dependientes, Ponciano (2020),
afirma que: la cuarentena es estresante para todos, pero para las personas que
consumen cualquier sustancia psicotrópica la forma de enfrentar el estrés es el
consumo (p.6), sin embargo, el confinamiento trajo consigo la prohibición de ventas
de bebidas alcohólicas, el cierre inmediato de bares, discotecas, cantinas, así como
también suspensión de reuniones sociales; no obstante aumentó el consumo, esto
quiere decir que la población buscó la forma de socializar, o liberar factores
estresantes¸ quizá con su familia, amigos, vecinos, o simplemente consumió en
soledad, visto de esta manera, el alcohol fue utilizado como fuente de alivio
sintomático en respuesta a factores estresantes.
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Consumo de alcohol y violencia en contra de la mujer en la emergencia sanitaria
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En la otra línea, las denuncias contra la mujer aumentaron durante la pandemia,
aunque también es cierto que muchas mujeres, víctimas de violencia, guardan
silencio por diversas causas, una de ellas la violencia psicológica que el agresor
ejerce sobre su víctima, al respecto Medina (2020) afirma que “En las entrevistas con
las mujeres agredidas, los equipos de psicólogos detectaron que son víctimas de
chantajes, amenazas y manipulación”, en consecuencia se considera que son pocas
las denuncias receptadas y se esperan más denuncias una vez finalizada la
emergencia sanitaria, sin embargo, datos de algunos países de acuerdo a las
llamadas de emergencias recibidas durante la COVID 19, refieren:
En Singapur y Chipre han registrado un incremento de más del 30% en las
llamadas. En Nueva Gales del Sur (Australia), los trabajadores de primera línea
comunicaron un 40% más de solicitudes de casos de violencia. En Francia, los casos
de maltrato aumentaron un 30% desde el inicio del confinamiento el 17 de marzo. En
Argentina, las llamadas de auxilio por violencia doméstica han aumentado un 35%
desde el 20 de marzo cuando se inició la cuarentena (…) En el Reino Unido, las
llamadas, los correos electrónicos y las visitas a la página web de Respect, una
organización benéfica nacional que lucha contra la violencia de género ha aumentado
un 97%, un 185% y un 581% respectivamente. En las tres primeras semanas de
confinamiento, catorce mujeres y dos niños fueron asesinados en el país. (ONU,
2020)
Estas cifras son alarmantes y responden a las primeras semanas de
confinamiento; el peligro que vive la mujer es elevado, vive amenazada en su propio
entorno familiar, el permanecer todo el día en casa, las actividades domésticas, el
cuidado de los hijos, la falta de ingresos económicos al hogar pueden ser motivos
para que se produzcan más actos violentos a nivel familiar, Ante esto Fernández
(2020) afirma “el confinamiento las ha puesto en peligro porque las familias han vuelto
a la esfera privada, al aislamiento de la mujer en una situación amenazante tiene más
dificultades para pedir ayuda” (p.1), el índice de violencia posiblemente es mucho
mayor al señalado.
La realidad no es muy diferente en Ecuador, país que confirma también que la
violencia a la mujer aumentó durante la pandemia, los pedidos de auxilio han sido
frecuentes al EC U 911 (línea que atiende y provee servicios emergentes a la
población), según menciona el director del Servicio Integrado de Seguridad ECU, Ing.
Juan Zapata (2020):
Desde el 12 de marzo, fecha en la que inició la emergencia sanitaria, hasta el 31
de mayo, se han atendido 28.367 episodios relacionados con temas de violencia
intrafamiliar, lo que se traduce en 268 coordinaciones diarias realizadas por el ECU
911 tras pedidos de ayuda hechos a través del 9-1-1. (párr. 2)
Al respecto se menciona que, la mayor cantidad de reportes se recibieron durante
los fines de semana y da a conocer que se receptaron 3.781 casos de violencia física,
17.911 casos de violencia psicológica y de connotación sexual 39 incidentes. Estos
resultados corresponden a dos meses y medio de confinamiento, no se especifican
las causas de la violencia, sin embargo, al igual que en otros países la mujer se ve
lesionada en sus derechos, esto debido al desconocimiento de la ley, o al miedo
ejercido por el violentador, o simplemente porque muchas han normalizado la
violencia.
Por otro lado, los feminicidios también han estado presentes en Ecuador durante
la pandemia sanitaria; al respecto: “Cada 72 horas una mujer, niña o adolescente es
víctima de la violencia femicida en el Ecuador. En el 72% de los casos, los agresores
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eran parte del círculo familiar de las víctimas, exparejas o parejas” (El Comercio,
2020). La violencia a la mujer en Ecuador se ha venido haciendo evidente en el
transcurso de los años, sin embargo, los reportes crecieron desde marzo 2020. En la
misma línea:
La Asociación Latinoamericana para el Desarrollo Alternativo (Aldea) documenta
81 crímenes entre el 1 de enero y el 4 de octubre. Siete de cada 10 feminicidas eran
parejas y exparejas. Cinco de cada 10 víctimas dejan hijos en la orfandad. El covid-
19 ha forzado a mujeres a convivir con sus agresores: 62 feminicidios desde el 16 de
marzo, cuando se declaró la excepción, registran Aldea. Una tragedia. 69 436
emergencia por violencia intrafamiliar recibió el ECU 911 entre el 12 de marzo -
cuando se declaró la emergencia sanitaria- y el 27 de octubre. (El Comercio, 2020)
De esta forma se visibiliza que la pandemia y el confinamiento es un factor de
riesgo que agudiza situaciones de violencia, de cualquier tipo de violencia, la
enfermedad llegó de manera tan imprevista que no se contaba con planes de atención
emergentes que se pongan en marcha para continuar con el trabajo en torno las
denuncias, las sentencias, el tratamiento a la víctima y la rehabilitación del agresor,
por cuanto es importante que los gobernantes ahora trabajen en implementar
protocolos de atención y políticas públicas con la finalidad de que se evite poner en
riesgo la integridad física y mental de las personas.
CONCLUSIONES
A partir de la revisión bibliográfica realizada se puede concluir que el consumo de
alcohol se ha naturalizado al igual que la violencia contra la mujer, esta realidad se
torna más compleja ante la presencia de factores estresantes, poniendo en riesgo la
integridad personal y social. Se ha visto la iniciativa de ciertas instituciones para
enfrentar esta problemática, siendo una situación que genera malestar y que por tanto
debe existir comprometimiento de todos quienes conformamos una determinada
sociedad y cultura. Es así como continuando con el proceso de revisión bibliográfica
se despliegan tres conclusiones en referencia a cada uno de los temas.
La información recopilada manifiesta que la mujer es vulnerada de manera
imperante en sus derechos, así como también a pesar de la poca información sobre
el consumo de bebidas alcohólicas, las fuentes analizadas datan que el consumo de
alcohol ha aumentado tanto a nivel nacional y mundial, durante la emergencia
sanitaria de la COVID-19, por tanto, se entiende que la violencia ejercida en contra
de la mujer también ha aumentado en tiempo de pandemia.
El apartado del consumo de alcohol durante la emergencia sanitaria de la COVID-
19 informa que el consumo no disminuyó pese a que hubo restricción de movilidad y
limitación del expendio de bebidas alcohólicas. La restricción en la venta de licor fue
una decisión que tomaron los gobernantes en Ecuador, con la idea de que los actos
públicos decrecieran y con eso subjetivamente también disminuya el consumo de
alcohol, pero al analizar los datos de otros países se puede inferir que hubo ventas
clandestinas, esta situación evidencia que se requiere mayor control en el expendio
de bebidas, así como también se ve la necesidad de continuar con la sensibilización
a la población. En la investigación se detectó que la población se afectó
emocionalmente, presentando estrés, depresión, ansiedad, debido a la falta de
empleo, falta de recursos económicos para la manutención del hogar, frustración,
inclusive miedo al contagio y a la muerte; otra buena parte de la población pudo
exacerbar los síntomas emocionales preexistentes a la emergencia sanitaria. En este
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Consumo de alcohol y violencia en contra de la mujer en la emergencia sanitaria
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sentido el consumo de alcohol fue para la población una fuente de alivio ante factores
estresantes por lo tanto se minimizaron los riesgos de su ingesta.
La violencia en contra de la mujer durante el confinamiento evidencia que la mujer
ha sido víctima de violencia, física, psicológica y sexual, trayendo consigo miedo,
incertidumbre, síntomas depresivos-ansiosos, estrés, trastornos en la conducta
alimentaria e inclusive ideación suicida. Los datos expresan que existió amento de
violencia generada por la pandemia de la COVID-19, éstos fueron captados por las
líneas de emergencia tanto a nivel mundial como nacional. El estado ecuatoriano
debe asumir su responsabilidad en el cuidado a la integridad personal, vida y
seguridad de la mujer. Es necesario el diseño e implementación de políticas de
protección a la mujer, que se cree planes preventivos a mayor escala, se dé
capacitación a los profesionales encargados de trabajar con esta problemática, y se
contraten más profesionales para los servicios de salud y trabajo con la comunidad.
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