A nivel mundial se ha trabajado en la prevención del consumo, sin resultados
positivos; algunas de las estrategias para reducir el consumo y la edad de inicio al
consumo ha sido la prohibición de la venta a menores de edad, infracciones
monetarias al conducir en estado etílico, la disminución en el tiempo de apertura de
lugares de diversión como bares y discotecas, medidas que no se acatan, el
colectivo ha implantado la idea de que no se puede divertir sin consumo de alcohol,
mientras tanto grandes empresas siguen auspiciando a deportistas y eso es
observado a través de los medios de comunicación a la población general, la OMS
realiza una proyección de consumo de alcohol por habitante en el mundo para el
año 2025 en las regiones de América, Asia, Sudoriental y del Pacífico Occidental.
OMS (2018); “El consumo total de alcohol por habitante en el mundo puede
ascender a 6,6 litros en los 2020 y 7,0 litros en el 2025” (p.7). Como se puede
observar, se estima que el porcentaje aumente, por lo tanto, las consecuencias
perjudiciales para el entorno.
La violencia contra la mujer
Históricamente la mujer ha sido subordinada, tal es así que la mujer antiguamente
era educada específicamente para la atención del esposo y su familia; al hombre
por otro lado se le ha atribuido el poder, la fuerza, el concepto de superioridad, se
ha reconocido su nivel intelectual, por lo tanto, tuvo acceso a la educación, para
responder a las necesidades culturales y económicas en su rol social y familiar. A
pesar de que el tiempo ha transcurrido y la mujer ya es reconocida en su rol activo
dentro de la sociedad, aún el porcentaje de violencia de la que es víctima es
elevado; al respecto la ONU (2012) afirma que: “La violencia contra mujeres y niñas
es una de las violaciones de los derechos humanos más generalizadas. En algunos
países, hasta 7 de cada 10 mujeres sufrirán golpes, violaciones, abusos o
mutilaciones a lo largo de sus vidas” (párr.1), miles de mujeres son discriminadas,
humilladas, ultrajadas y violentadas. La Organización de las Naciones Unidas ONU,
define la violencia contra la mujer como:
Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o
pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para
la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria
de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada (ONU,
1993, párr. 14).
La violencia sexual es todo acto que vulnera la sexualidad y que se realiza sin
el consentimiento de la persona, con utilización de la fuerza física y amenazas,
incluido en esto el estado civil de la mujer, en la mayoría de casos el
desconocimiento ha hecho que mujeres sean violentadas sexualmente por sus
esposos, novios, o acompañantes de una unión libre, ahí se pone en evidencia la
manipulación del hombre tras el autoritarismo y el machismo envueltos en
situaciones de celos que hacen comúnmente que las mujeres acepten este tipo de
violencia como normal y no sea denunciada.
La violencia psicológica según lo definen Bonifaz y Spanó (2014): “Toda acción
u omisión que causa daño a la autoestima, a la identidad o al desenvolvimiento de la
persona(...) llegando a considerarse culpable de las acusaciones y responsable por
la violencia sufrida” (p.436). Esto explica que muchas veces las mujeres violentadas
acepten como verdad información que disminuye su autoestima tales como
juzgamiento a su cuerpo y manera de pensar, entender que nadie más las va a
amar, que son poco inteligentes, que no podrán salir adelante solas con sus hijos,
que si denuncian o abandonan el hogar sus hijos serán retirados de su cuidado,